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Para afrontar con eficiencia los efectos del cambio climático es fundamental emplear sistemas de sanidad y de producción animal adaptados y resilientes

La Conferencia de París sobre el Cambio Climático promete ser un pilar fundamental de la lucha contra el impacto del cambio climático. La producción pecuaria, así como la sanidad y el bienestar animal, resultarán afectados por las consecuencias del cambio climático, con considerables repercusiones para la salud humana y la seguridad e inocuidad alimentarias. El cambio climático, asociado a la globalización, favorecerá la aparición de enfermedades transmitidas por vectores y la propagación de agentes patógenos, lo cual comprometerá la producción animal y los ingresos de las poblaciones rurales, incluidos cientos de millones de personas pobres de todo el mundo. En un contexto de aumento incesante en la demanda de proteína animal, estos factores amenazarán la salud humana y los medios de subsistencia. Por lo tanto, ahora más que nunca resulta crucial asegurar la salud del planeta y la seguridad y la inocuidad alimentarias a través del fortalecimiento de la sanidad animal, de la detección de enfermedades y de los sistemas de notificación y control, así como de la adaptación de la producción animal a nivel mundial.


© Theworldfishcenter
Comedero improvisado en Mongu, Zambia occidental

París, 8 de diciembre de 2015- La 21.ª Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que se inauguró hace unos días, resultará crucial para alcanzar un acuerdo internacional contra el calentamiento global de aplicación en todo el mundo. En este contexto, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), junto con la Organización Mundial de Agricultores (OMA), acogerá el 9 de diciembre una conferencia titulada “La agricultura en un terreno post-Kioto” para debatir el futuro de la agricultura y de la producción pecuaria sostenible en interés del público.

Para el sector agrario, incluida la producción animal, resulta fundamental reducir el calentamiento global porque dicho sector es extremadamente vulnerable a algunas de las consecuencias derivadas del cambio climático. Los cambios en los patrones climáticos, como pasar de la sequía a las lluvias torrenciales, afectan enormemente al rendimiento de los animales (el crecimiento, la producción y la reproducción) y fomentan la aparición de enfermedades que amenazan la salud y el bienestar animal. La aparición o reaparición de episodios sanitarios inesperados es cada vez más frecuente. Se estima que cada año aparecen cinco nuevas enfermedades infecciosas emergentes, de las cuales tres pueden ser zoonóticas y tener capacidad de afectar a múltiples especies, entre ellas el ser humano. Además, el cambio climático influye en la evolución epidemiológica de los agentes patógenos y en la extensión de los territorios afectados por vectores como insectos voladores o garrapatas, que pueden conducir a la propagación y a la ampliación del espacio geográfico en el que se dan enfermedades como la fiebre del Valle del Rift, la lengua azul, la fiebre del Nilo Occidental o la enfermedad de Lyme, que afectan a personas y a animales. También influye en la distribución de las poblaciones de depredadores y roedores y, por lo tanto, desencadena cambios masivos en la estructura y en las funciones de los ecosistemas y las especies, con consecuencias para la biodiversidad casi siempre negativas. 

Teniendo en cuenta que las enfermedades de los animales causan casi un 20% de pérdidas de producción, con consecuencias directas en la disponibilidad y la asequibilidad de los alimentos, y que mil millones de personas sufren malnutrición, cada vez será más difícil disponer de la cantidad suficiente de productos alimentarios seguros. De hecho, los animales domésticos constituyen un medio de subsistencia para cientos de millones de familias de todo el mundo. Se estima que para mil millones de personas, 700 millones de las cuales viven en situación de pobreza, los animales son el medio de subsistencia, la única fuente de ingresos y el medio de tracción, así como la fuente de otros productos no alimentarios de origen animal, como la lana o la piel. Además, los productos de origen animal como la leche, los huevos o la carne contienen valiosos nutrientes y están incluidos en todas las políticas de seguridad alimentaria en las que se tiene en cuenta el crecimiento y el desarrollo cerebral de los niños: la demanda mundial de estos productos está aumentando y se prevé que aumente más de un 50% a lo largo de las próximas décadas.

Así pues, durante los próximos años resultará esencial aumentar la sostenibilidad y la resiliencia de los sistemas de producción animal, para lo cual será necesario un fortalecimiento de los sistemas zoosanitarios.

Para lograr este objetivo deberán afrontarse los complejos mecanismos que interrelacionan el cambio climático y la producción animal, puesto que esta última también puede influir en el primero.

Según fuentes del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), las actividades agrarias, como la producción animal, generan a nivel mundial un 9% de las emisiones de gases por causas antropogénicas. Sin embargo, en publicaciones desactualizadas se habla de niveles superiores de emisiones de gases derivados de la actividad agraria, y sobre todo de la producción animal. Lamentablemente, estos datos han dado lugar a afirmaciones en contra de la producción pecuaria que pueden resultar perjudiciales para la voluntad de los responsables políticos de invertir en este sector, el cual es fundamental para promover los medios de compensación del impacto medioambiental, como el apoyo a las sociedades pastorales y a los sistemas de producción más extensivos.

Sin embargo, estos posibles impactos negativos de la ganadería en el cambio climático deben analizarse en el contexto más amplio de sus ventajas medioambientales y socioeconómicas. De hecho, el sector agrario puede ser parte de la solución al cambio climático debido al papel fundamental que desempeña en la reducción de la intensidad de las emisiones de gases, sobre todo a través de las cosechas y del secuestro de carbono inherente a los pastizales. Los sistemas pecuarios también pueden contribuir eficazmente al desarrollo y al mantenimiento de paisajes preservando los ecosistemas que proporcionan importantes servicios, como por ejemplo, manteniendo o aumentando las reservas de carbono, reduciendo los incendios de arbustos, previniendo la erosión, produciendo abonos ecológicos y reduciendo los sintéticos, generando trabajo sin recurrir a la energía derivada del combustible fósil y manteniendo la biodiversidad animal y vegetal.

Hoy en día, la comunidad mundial dispone de los instrumentos necesarios para afrontar conjuntamente la lucha contra el cambio climático y el desarrollo de sistemas de producción animal sostenibles. Se pueden aumentar los volúmenes de producción mediante sistemas sostenibles, utilizando menos animales, o menos superficies, y en unas condiciones que sean respetuosas con el bienestar animal y el medio ambiente. 

Para abordar con éxito estas dificultades, debe considerarse prioritario el fortalecimiento de los sistemas de sanidad animal de todo el mundo. Las pérdidas de animales y los rendimientos negativos en la producción aumentan la huella de carbono mundial. Los Servicios Veterinarios, junto con los productores, se encuentran en primera línea a nivel mundial a la hora de garantizar una detección temprana y una respuesta rápida a los episodios sanitarios que supongan una amenaza para animales o personas. Con este fin, la OIE apoya a sus 180 Países Miembros y promueve el establecimiento de redes regionales para afrontar la aparición de enfermedades transfronterizas emergentes o reemergentes que deriven del cambio climático o de cambios medioambientales. La OIE también potencia el incesante desarrollo de programas de investigación destinados a concebir sistemas de producción animal amables con el medio ambiente y, paralelamente, métodos de bioseguridad adecuados para asegurar una mejor prevención y control de las enfermedades.

Si en 2015 se logra un acuerdo en la COP21, se deberían desplegar recursos financieros, conocimientos y capacitación para apoyar la producción pecuaria en todo el mundo a través de unas medidas previamente comprobadas. La actividad preventiva tendrá claras ventajas medioambientales, económicas y sociales porque servirá para prever las posibles consecuencias y para minimizar las amenazas para los ecosistemas y para la salud humana y animal. En este marco, para proteger nuestro futuro resulta crucial fomentar el concepto Una Salud y reconocer el papel predominante que los Servicios Veterinarios desempeñan en la preservación de la sanidad animal.

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