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     Amenazas de enfermedades infecciosas naturales y «no naturales»
Las amenazas de enfermedades infecciosas pueden ser agrupadas en dos categorías: las amenazas debidas a enfermedades infecciosas de ocurrencia natural y las amenazas desconocidas de enfermedades emergentes, accidentes de laboratorio, catástrofes y acciones deliberadas. Además de las cargas asignadas a la gestión de las enfermedades conocidas, los sistemas de sanidad animal y salud pública deben estar preparados contra las amenazas de enfermedades desconocidas. A menudo, sólo somos conscientes de la importancia de contar con sistemas sanitarios sólidos cuando es demasiado tarde, una vez que los servicios sanitarios se enfrentan a las consecuencias de un evento juzgado previamente como improbable o impredecible.

Ejemplos recientes de enfermedades infecciosas emergentes y reemergentes resaltan la ineficacia a la hora de predecir cuándo y dónde aparecerán nuevas enfermedades o en qué lugar enfermedades ya existentes harán su reaparición. Algunos ejemplos ponen de manifiesto con qué rapidez los sistemas sanitarios débiles se ven sometidos a una presión crítica. Aunque sólo estamos empezando a entender la compleja interacción de factores que conducen a la aparición de enfermedades, queda claro que el cambio climático y las alteraciones en los ecosistemas debidas a la intervención del hombre facilitarán la emergencia de un número creciente de amenazas de enfermedades infecciosas.

Los servicios sanitarios de salud pública y de sanidad animal también deben estar preparados para hacer frente a otras posibles amenazas. Las catástrofes naturales (tsunamis, condiciones meteorológicas extremas, terremotos) y las no naturales (conflictos, accidentes industriales), nos recuerdan hasta qué punto estos eventos, desestabilizan o destruyen las infraestructuras de las cuales dependemos cotidianamente para mantener las enfermedades infecciosas bajo control.

Las infecciones a las que estamos acostumbrados a enfrentarnos son la causa más común de brotes de enfermedad y son las que tienen mayor impacto a nivel mundial. Sin embargo, la historia nos ha demostrado que las amenazas menos probables y potencialmente devastadoras, como el bioterrorismo a los accidentes de laboratorio, son reales y no deberían ser ignoradas. Mientras haya inestabilidad política en el mundo, o amenazas de agentes no estatales, incluidos grupos terroristas, existe el riesgo de que patógenos naturales o modificados sean utilizados como armas biológicas. La mayoría de los agentes patógenos que han sido utilizados, o cuya utilización como armas biológicas ha sido considerada, son agentes patógenos de origen animal debido a sus repercusiones graves en la salud, la economía, la estabilidad social y el comercio, así como su fácil disponibilidad. El deficiente cumplimiento de las directrices de bioprotección en los laboratorios aumenta la probabilidad de que peligrosos agentes patógenos de origen animal y zoonóticos caigan en manos erróneas, creando también, la posibilidad muy real que agentes infecciosos peligrosos sean liberados accidentalmente.

Desde hace un siglo, la tecnología nos ha ayudado a comprender mejor la evolución de las enfermedades; y nos ha ofrecido también mejores herramientas para detectarlas y mantenerlas bajo control. Sin embargo, los avances tecnológicos, incluyendo desarrollos en biología sintética, han acrecentado el riesgo de una mala utilización de la ciencia.

Normas internacionales para sistemas sanitarios sólidos

A nivel internacional, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) disponen desde hace mucho tiempo de herramientas sólidas (Reglamento Sanitario Internacional de la OMS y las Normas internacionales de la OIE) mediante las cuales sus Países Miembros están obligados a notificar los brotes de enfermedades, a controlarlos y a responder a las amenazas biológicas. Estas normas, internacionalmente adoptadas, son el fundamento para la prevención y el control de las enfermedades infecciosas a nivel mundial incluyendo la detección precoz y la respuesta rápida frente a eventos biológicos, y para el mantenimiento de sistemas solidos de sanidad animal y de salud pública. El cumplimiento de estas normas internacionales contribuye a crear unos apropiados mecanismos de respuesta frente a las amenazas de enfermedades infecciosas, ya que las herramientas y los sistemas utilizados para detectarlas de forma precoz y controlarlas rápidamente son los mismos, ya sea esta una causa natural, accidental o deliberada.

Desafortunadamente, numerosas regiones del mundo cuentan con sistemas sanitarios débiles (que no cumplen con las normas de la OIE y la OMS). Varios ejemplos recientes han demostrado con qué rapidez brotes de enfermedades pueden crear situaciones críticas en los sistemas sanitarios fragilizados por una gobernanza pobre y con deficiente infraestructura. Para contrarrestar las amenazas biológicas de forma sostenible, los sectores de seguridad en interacción con los sectores de la salud, se han comprometido a apoyar sus esfuerzos en el fortalecimiento de los sistemas sanitarios y las redes científicas.

Sinergias entre la salud y la seguridad

La relación entre la salud y la seguridad se ejerce, por supuesto, en los dos sentidos. Las deficiencias en la seguridad o fenómenos de agitación social pueden incrementar la probabilidad de un ataque bioterrorista o de un accidente de laboratorio, ambos potencialmente devastadores. Por otro lado, los brotes de enfermedades infecciosas pueden ocasionar agitación social o inestabilidad, en particular si alteran la infraestructura social o reducen la disponibilidad de los alimentos, o generan miedo y pánico.

Pese a que los riesgos en materia de seguridad y sanitarios pueden solaparse, no siempre existe una coordinación. Por lo tanto, es vital que los sectores de la salud humana y animal colaboren con el sector de la seguridad, con el fin de evaluar las prioridades y maximizar el uso eficiente de los recursos. Sólo de esta forma los esfuerzos para el control de las enfermedades animales infecciosas y zoonosis, de origen natural o no natural, puede ser coordinados y al mismo tiempo reforzar la seguridad biológica en general.
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