Filipinas: una colaboración fundamental para atravesar el campo minado de la rabia

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Recientemente, Filipinas obtuvo la validación de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) para su programa oficial de control de la rabia transmitida por los perros. Se trata de un reconocimiento crucial que permitirá salvar muchas vidas en todas las regiones y poblaciones, mejorando tanto la salud humana como la sanidad animal.

Hace unos años, Sarah observaba cocinar a su madre Susan, una vendedora de comida de 48 años que preparaba los tradicionales buñuelos de banana en su casa situada en una zona rural de Filipinas. Esta escena idílica finalizó cuando un perro callejero surgió de la nada, a gran velocidad y mordió furiosamente la cara de la niña. Tratando de evitar el pánico, Susan tomó en sus brazos a su angustiada hija y le lavó la herida con agua corriente y jabón. Más tarde, otras dos personas (un vendedor de helados y un conductor de triciclos) fueron mordidas por el mismo perro, que luego se descubrió que estaba rabioso. Susan se comunicó con las autoridades para denunciar el ataque. A las tres víctimas se les aconsejó que se dirigieran de inmediato al hospital de la ciudad de Naga para que recibieran los cuidados pos exposición. Dos “tanod” (policías) del “barangay” (barrio) pudieron atrapar al perro y llevarlo a la oficina veterinaria más cercana. Tras ser aislado y puesto en observación, se procedió a la eutanasia del animal, puesto que sus síntomas se habían agravado y había dado positivo a la prueba de la rabia.

En Filipinas, estos hechos son usuales. Un impresionante porcentaje de los casos de rabia (82 %) se debe a las mordeduras de los perros vagabundos, un problema que el país está tratando de gestionar. La rabia sigue suponiendo un gran desafío para su población: cada año, más de un millón de filipinos sufren mordeduras de perros y casi la mitad son niños menores de cinco años.

Los perros vagabundos participan en gran medida en la transmisión de esta enfermedad. Algunos sirven de perros guardianes de las casas, lo que implica que pasan la mayor parte del tiempo al aire libre, en contacto con otros animales y la naturaleza. Si bien se han promulgado ordenanzas contra esta práctica, los perros guardianes siguen existiendo en las zonas más alejadas donde la falta de acceso a un tratamiento médico supone una dificultad mayor para las víctimas de las mordeduras.

A pesar de que el gobierno destina anualmente 500 millones de pesos (unos 8,5 millones de euros) a la vacunación de los seres humanos contra la rabia, cada año mueren entre 200 y 300 personas. No obstante, en la última década, se ha observado una tendencia más positiva: la tasa de incidencia anual de exposición a la rabia bajó de 285 en 2007 a menos de 222 en 2020. Además, se han podido salvar muchas vidas gracias a una mayor sensibilización sobre la enfermedad y a un protocolo de búsqueda de atención médica rápida en caso de mordedura -en lugar de recurrir al curandero o “tandok”-.

Hacia la validación del programa de control: el valor de los esfuerzos colaborativos

En 2007, al promulgarse la ley antirrábica, se creó un marco jurídico claro para la prevención y el control de la rabia en el que se definen las principales responsabilidades de cada entidad y departamento de las diferentes autoridades nacionales.

Filipinas superó una nueva etapa gracias a la validación de su programa oficial de control de la rabia transmitida por perros durante la 88.a Sesión General de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), en mayo de 2021. Namibia y Filipinas son los primeros Miembro de la OIE que reciben este reconocimiento.

Este logro representa un gran avance en la lucha mundial contra la rabia y el reconocimiento por parte de la OIE brinda a Filipinas argumentos sólidos para abogar por un aumento de la ayuda gubernamental, con el fin de frenar y detener progresivamente la propagación de la enfermedad. Además, garantiza un mayor acceso al refuerzo de las capacidades, los conocimientos y a una mayor coordinación regional.

A escala internacional, la Organización ha respaldado de manera constante los esfuerzos de Filipinas para erradicar la rabia transmitida por los perros. En 2013, la Oficina de Industria Animal (BAI) recibió 500.000 dosis de vacunas antirrábicas a través del banco de vacunas contra la rabia de la OIE que fueron financiadas por la Unión Europea. Este banco proporciona a los Miembros de la OIE vacunas de alta calidad en el momento oportuno, a un precio bajo y fijo, establecido para acompañar sus estrategias nacionales de eliminación de la rabia. Gracias a la financiación australiana, en 2014, Filipinas recibió 320.000 dosis de vacunas y, en 2015, su número aumentó a 300.000. Con el fin de seguir apoyando las campañas de vacunación contra la rabia en Filipinas y en otros países del sudeste asiático, la Organización Mundial de Sanidad Animal se ha asociado con la BAI y con Australia en torno al proyecto STANDZ (Stop Transboundary Animal Diseases and Zoonoses). La iniciativa, diseñada para desarrollar una mejor comprensión de las funciones de los distintos organismos a la hora de tratar las mordeduras de perro y los casos de rabia, ha resultado fundamental para que el país mejore su programa de control de la rabia. A través del proyecto STANDZ, la OIE participó en la elaboración del plan destinado a la eliminación de la rabia transmitida por los perros (Oplan RED), lo que más tarde llevó a Filipinas a solicitar la validación de su plan nacional contra la rabia. De 2015 a 2020, la OIE y la Organización Mundial de la Salud (OMS) apoyaron continuamente a Filipinas participando en las numerosas entregas de vacunas organizadas en el país (18 entregas de vacunas para un total de 15,7 millones de dosis de vacunas antirrábicas).

“La OIE nos apoyó en la implementación de las campañas de vacunación canina y nos ayudó a mejorar la colaboración multisectorial en Filipinas”, afirma la Dra. Daphne Jorca, veterinaria del Departamento de Agricultura de la BAI. La profesional explica que los programas contra la rabia son el resultado de un mayor compromiso tanto de los responsables políticos como de los responsables de la implementación, desde los veterinarios y paraprofesionales de veterinaria hasta el sector de la salud pública en general. La ausencia de rabia constituye un bien público que se logra aplicando las herramientas disponibles en la actualidad y tomar conciencia de ello ha impulsado a los organismos gubernamentales a realizar las inversiones necesarias para eliminar esta enfermedad.

De cara al futuro

Si bien en el horizonte de Filipinas se vislumbra un futuro sin rabia, aún quedan algunos obstáculos por superar, puesto que se requieren más fondos y recursos humanos para implementar las acciones y acompañar a las familias afectadas por la rabia. Al mismo tiempo, los cambios en la dirección de las instancias gubernamentales y en las organizaciones implicadas generan nuevos desafíos: cada tres o seis años se debe sensibilizar a los responsables políticos y a los líderes de las organizaciones para que se familiaricen con la situación de la rabia y, de esta manera, se garantice el presupuesto necesario para llevar a cabo los diversos proyectos y actividades.

Sin embargo, la Dra. Jorca confía en que una solución nacional contra la rabia transmitida por perros permitiría a Filipinas obtener beneficios en otros ámbitos. “Queremos eliminar la enfermedad. Una vez eliminada la rabia, el gobierno podrá reorientar los fondos a otras enfermedades tropicales desatendidas o a problemas de salud humana”, explica.

Además de la postura del gobierno orientada a detener la rabia, cabe resaltar la sensibilización de la comunidad que ha sido fundamental para el éxito de los esfuerzos de control de la rabia en Filipinas. Cada año, en el mes de marzo, se celebra el “Mes de la Concientización sobre la Rabia”, que incluye una amplia campaña de información sobre la prevención y el control de esta enfermedad, junto con campañas gratuitas de vacunación masiva de perros en todo el país. Además de educar a las personas para que busquen la atención médica adecuada tras una mordedura, las intervenciones en las escuelas han demostrado una capacidad de fomentar un cambio de comportamiento, específicamente entre los propietarios de perros. En 2019, la educación sobre la rabia se integró en los planes de estudio, pero el programa se suspendió debido a la pandemia de la COVID-19; su reanudación está prevista en un futuro próximo.

Ninguno de los resultados graduales alcanzados en la lucha contra la rabia hubieran sido posible sin los esfuerzos mancomunados de los distintos responsables nacionales: el departamento de agricultura, salud, interior y el gobierno local, las instancias educativas, los responsables locales, las organizaciones no gubernamentales, las organizaciones internacionales, el mundo académico, la Asociación Médica Veterinaria de Filipinas, así como el colegio de veterinarios provinciales, urbanos y municipales de Filipinas. El objetivo común para que todo el país esté libre de la rabia transmitida por los perros refleja un verdadero compromiso con el enfoque “Una sola salud”;  cada organismo hace su propia contribución y trabaja de manera conjunta.

La futura eliminación exitosa de la rabia representa un esfuerzo de colaboración. En los próximos años, se impone una acción continua gubernamental, el apoyo internacional a través de la OIE, la OMS y los donantes, junto con la sensibilización y la educación del público. La Dra. Jorca evoca la necesidad de eliminar la rabia humana, algo que no puede hacer un solo organismo o sector. “Como decimos en Filipinas, Ang pagsugpo sa Rabies ay sama-sama, hindi kanya-kanya: la eliminación de la rabia no constituye un enfoque individual sino colectivo”.